jueves, 28 de mayo de 2009

Joyce Sims - Come into my life

Canción muy ochentera.
Ayer hablaba de pecados y hoy contaré uno chiquitín, una anécdota realmente, ahora que han pasado mas de 20 años, dice el refrán que el tiempo todo lo cura y visto desde la distancia, aquello no fue mas que una mentira piadosa que yo conté a mis padres sobre lo sucedido una tarde en mi casa, una tarde de verano, una tarde de agosto. Me quedé solo en casa, de Rodríguez pues mis padres veraneaban con mis hermanos y como todos cuando vemos oportunidad, a mi se me ocurrió la feliz idea de hacer una party, pa que las prisas. Los chicos de mi pandilla no tardaron en apuntarse, lo difícil fue encontrar chicas, pero finalmente, y gracias al Puma, un amiguete que se llamaba José Antonio Rodríquez, vinieron Neli y sus amigas. Despejé el comedor dejando solo la mesa y el sofá, puse mi mezcladora, los tocatas, la provisión de licores y aguardamos a que fueran las seis de la tarde. Finalmente llegó la hora, la música comenzó a sonar, seguramente con una canción como la que hoy he colgado, suavecita, tranquila, pero con ritmo y comenzamos a beber. Lógicamente unos mas que otros y de los que estaban en ese último grupo, los que se pusieron tibios, se encontraba Javier Cardoso, el muy cabrón (cariñosamente) cogió una tajada como un piano enfadándose conmigo y con Evaristo, no recuerdo porqué. Tal fue su enfado que se lió a puñetazos con las paredes y como se debió hacer daño, la emprendió con la puerta del lavabo de tal manera que finalmente, su puño la atravesó. Ahí acabo la fiesta. Inmediatamente eché a todo el mundo de casa y el que se mosqueó fui yo, otro día contaré la segunda parte de esta fiesta, que la hay, pero ahora saltamos en el tiempo al día que regresaron mis padres. Cuando vieron el agujero en aquella puerta y como es lógico, preguntaron que había pasado, yo les conté que jugando a lucha de karate, como si fuéramos críos, Javier Cardoso me había lanzado un puñetazo y al yo esquivarlo, se empotró contra la puerta haciendo aquel estropicio. Mis padres quedaron convencidos, o tal vez me engañaron asintiendo como yo lo había hecho con ellos, pero les agradezco enormemente que al menos me comprendieran y no me asesinaran de inmediato, que es lo que yo esperaba.

1 comentario:

Padme dijo...

Ochentera y discotequera. :) Sobre los pecadillos, no contaré yo los míos que algunos son de campeonato. ;)