jueves, 27 de agosto de 2009

Las Grecas - Te estoy amando locamente

A veces tengo la impresión de ser al abuelo cebolleta, no se si recordaréis, un señor que salía en los tebeos de Bruguera, rechoncho, con muleta y la barba blanca hasta los pies, contando batallitas que nadie quería escuchar, pues eso es lo que me imagino soy yo, un tipo raro que escribe historias que a la mayoría supuestamente no interesa. Sin embargo parece que tengo la obligación de escribir esas historias, de dejar para la posteridad, o eso imagino, este chorreo de palabras por si algún descendiente siente curiosidad y aquí pueda encontrar respuestas a sus dudas o a lo mejor, mas preguntas. Posiblemente seria mucho más nostálgico decir que el lugar del que voy a hablar no existe en la actualidad, pero mentiría, sigue existiendo, aunque ya no es lo mismo. Menudo rollo estoy soltando para hablar del kiosko de debajo de casa de mis padres. El kiosko era un lugar mágico, allí podías encontrar de todo, bueno vale, casi de todo. Era un centro de reunión de niños, era un lugar de encuentro de vecinos, era… Cuantas colecciones de cromos, los de la liga, los de marcas, los de la serie de moda… también fue el primer lugar donde yo pude ver a una mujer desnuda, donde descubrí lo que era ser Voyeur pues al igual que los chavalotes, había mas de un señor mayor que se acercaba a la parte lateral del kiosko para recrearse la vista con todos aquellas portadas de chicas ligeras de ropa tan provocativas. Por supuesto también allí se podían encontrar libros, tanto los de bolsillo, como las primeras ediciones de las mas famosas novelas. También recuerdo de allí los montaplex, unos sobres del tamaño de poco más de medio folio que contenían pequeñas figuras de plástico, ¡Madre mía que tardes! Como nos divertíamos con aquellas figuritas mal hechas, con rebabas por todos sitios que en muchas ocasiones no se mantenían ni en pie, pero éramos felices montando los tanques y platillos volantes. En los kioskos también se podían comprar cigarrillos sueltos, mis primeras caladas salieron de allí, oye y nadie decía nada porque un niño comprara tabaco. Hablando y hablando y se me olvidaba hablar de la propietaria, una mujer mayor, de la cual por supuesto, tampoco se que habrá sido de ella, con ojos pequeños, llorosos, siempre detrás de aquellas gafas negras que no la favorecían nada, bajita, siempre vestida de negro, con el pelo grisoso, corto y su voz, una voz muy particular, parecía que siempre estaba resfriada. Os aseguro que podría hablar y hablar de aquel kiosko, pero tampoco os quiero agobiar, mejor dar estas cuatro pinceladas y poner una canción, hoy por supuesto de la época que estaba recordando, a ver que os parece esta.



2 comentarios:

mariajose dijo...

uis las grecas...
pobre, creo que una de ellas está malamente... ¡o murió! no lo recuerdo bien...
es una pena que un persona termine en una situación tal...
saludetes
a mi este tema me mola mucho, las voces gitana-chillonas me hacen gracia...
aunque un tema así, lo pondría en una noche de cachondeo.

Javier Caballero dijo...

Murio, no se de que pero murió lo recuerdo de los telediarios.

A mi el tema también me gusta pero no lo escucharía a todas horas, la verdad es que eso me lo rallaría.

Abracetes.